Árboles desnudos, prados cubiertos de hojarasca, cielos poblados de nubes y pálidos reflejos de luz sobre aguas tranquilas. Epílogo del verano y preludio del invierno. El otoño es la estación de la caída de las hojas pero también de la recolecta del fruto plantado en verano. Un tiempo ideal para caminar por el campo y la ciudad y dejarse envolver por su clima sereno.

En Tres Cantos el cambio cíclico de la naturaleza dibuja un paisaje de contrastes. Un baño de colores donde predominan el ocre y el verde a ras de suelo y el gris plomizo en los cielos. También regresa, entre nuestros sonidos favoritos, el rumor del agua que surca los arroyos de Bodonal y Valdecarrizo en la frontera misma de la urbe con el campo. La época, por cierto, es ideal para la contemplación de las aves que habitan el lago del Parque Central, cuyas aguas vuelven a ser dignas del oasis que siempre fue.

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